Diagnóstico
La acondroplasia
no suele ofrecer problemas para establecer un diagnóstico
preciso: la expresión fenotípica (aspecto externo
del niño) es bastante uniforme y con una exploración
física detallada es más que suficiente. La sospecha
diagnóstica se confirmará con el estudio radiológico,
que ofrece datos característicos: disminución
de la distancia interpedicular en la columna lumbar, que define
el espacio para la médula espinal; pelvis típica
con alas ilíacas cuadradas y acetábulo (componente
pélvico de la articulación de la cadera) horizontal,
que determina la estabilidad de esta articulación.
Húmeros y fémures cortos, caja torácica
pequeña y aplanada en su diámetro antero-posterior.
A medida que el niño crece se pueden desarrollar diferentes
deformidades tanto en las vértebras (cifosis toracolumbar
por falta de ensanchamiento del cuello femoral, aumento de
la rotación externa de la cadera, genu varo y/o valgo,
torsión o incurvación de las tibias, etc).
En la actualidad se dispone de estudios genéticos para
confirmar el diagnóstico si después del examen
clínico y radiológico aún existieran
dudas al respecto.
El diagnóstico prenatal también es posible gracias
a la ecografía a partir del segundo trimestre de gestación.
En un futuro próximo será posible realizar el
diagnóstico molecular mediante biopsia de vellosidad
corial a partir del primer trimestre del embarazo.
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