Tratamiento
| Procedimientos
quirúrgicos de elongación
El proceso de alargamiento de los acondroplásicos se
inicia siempre con la elongación simétrica
de ambas tibias.
La intervención dura aproximadamente 90 minutos, y
se puede realizar tanto con anestesia epidural como general.
Todos los pasos de la intervención son realizados mediante
mínimas incisiones que no superan los 2,5 cm. de longitud,
y siempre se efectúa control mediante el intensificador
de Rayos X.
Se empieza la intervención colocando un pequeño
clavo desde el peroné hacia la tibia, para evitar luxaciones
del tobillo durante el alargamiento.
Seguidamente, se practica una resección de 1 cm. del
peroné, a nivel de su mitad inferior.
El siguiente paso es la colocación de los clavos. Habitualmente,
se colocan dos clavos roscados en cada uno de los extremos
del hueso, siempre respetando el cartílago de crecimiento
para poder permitir el crecimiento fisiológico del
hueso.
A continuación se efectúan unos pequeños
cortes escalonados en el tendón de Aquiles, para que
no se produzcan retracciones de este fuerte tendón,
y evitar posiciones anómalas de los pies.
El paso final es realizar un corte en el hueso de la tibia,
a través de una pequeña incisión de 1
cm., de tal forma que se provoque como una fractura transversal
en la zona superior del hueso, justo por debajo de los clavos
situados en el extremo superior.
Una vez finalizada la intervención, se coloca un aparato
denominado fijador externo monolateral, adaptado a los clavos,
corrigiendo las desviaciones o deformidades, tanto en el plano
frontal como en el lateral. El proceso termina colocando una
protección de escayola que mantendrá el tobillo
en posición correcta durante el alargamiento.
Las molestias del postoperatorio se controlan con analgésicos
comunes. Debe controlarse la movilidad, coloración
y sensibilidad de los dedos, y la postura de las rodillas,
que no debe ser en flexión.
A partir de las 24 h. de la intervención, se procede
a la primera elongación. Se efectúa girando
una rueda que está situada en un extremo del fijador,
siendo el mecanismo muy sencillo. Se alarga 1 mm. cada 24
h. Es la velocidad de alargamiento más habitual en
estos procesos.
Mensualmente, se efectúan controles radiólogos.
Para una elongación de tibias de 15 cm. se necesitan
5 meses, y para obtener una formación ósea adecuada
entre 3 y 5 meses más.
Una vez se ha completado la formación ósea,
se procede a la extracción de los aparatos. Para poder
realizar una correcta limpieza de los orificios se somete
al paciente a una ligera sedación. Tras la retirada
de los fijadores, se colocan unas escayolas largas protectoras
durante 2 meses, con las que el paciente podrá iniciar
la deambulación cuando sea autorizado.
Terminado el período de escayolas, se inicia la recuperación
funcional de las extremidades inferiores. Durante esta fase,
el paciente debe recuperarse de la gran atrofia muscular producida,
debida al reposo articular, y debe readaptarse a su nuevo
centro de gravedad. Para ello deberá reeducar la marcha
y los movimientos automáticos. Es de mucha ayuda la
práctica de la natación, y la bicicleta estática.
Una vez se ha obtenido la recuperación funcional, tras
el alargamiento de las tibias, se puede optar por el alargamiento
de ambos fémures, como de los húmeros.
Si el tamaño de húmero aún es excesivamente
pequeño, es preferible realizar primero la elongación
femoral.
Esta intervención dura aproximadamente una hora para
ambos fémures, y se puede efectuar tanto con anestesia
epidural como general.
Se inicia la intervención colocando los clavos roscados
en los extremos de los huesos, respetando los cartílagos
de crecimiento. A continuación se practica una incisión
de 2,5 cm. en la cara externa del muslo, a nivel del tercio
superior, y a través de ella, se efectúan unas
incisiones transversales en la apneurosis de la fascia lata.
Seguidamente se procede a efectuar en esta misma zona el corte
en el hueso, siempre bajo control de intensificador de imágenes
de Rayos X.
Con la colocación adecuada de los aparatos, y unas
pequeñas incisiones para descargar la tensión
de los músculos adductores y del recto anterior, se
finaliza el acto quirúrgico.
La elongación se inicia 24 h. después de la
intervención, a una velocidad de 1 mm. cada 24 h.,
consiguiéndose un incremento de longitud de 3 cm. por
mes.
La rehabilitación no permite realizar la flexión
de las rodillas más de 20 ó 30º, para evitar
la subluxación de las mismas, y la retracción
en flexo. Sin embargo, se permite, y es aconsejable, la bipedestación,
y la deambulación durante todo el proceso de elongación
femoral. Esto ayuda a acostumbrarse progresivamente a la nueva
estatura, y a modificar la hiperlordosis lumbar, que es uno
de los objetivos primordiales del alargamiento femoral.
A la mayoría de los paciente acondroplásicos
que presentan hiperdolorsis lumbar, tras el alargamiento femoral,
se les reduce en un 30 ó 40%, lo cual es muy importante
para el futuro de su columna.
Para conseguir los 15 ó 17 cm. de elongación
(3 cm. por mes), los períodos de tiempo son muy similares
a los del alargamiento de las tibias. Una vez finalizada la
elongación, varía mucho el tiempo de consolidación,
pero también suele oscilar entre 3 y 5 meses.
Todas las técnicas de recuperación funcional
y fisioterapia dirigidas a mejorar el tono muscular, la propiocepción,
la reeducación de la marcha, etc., son muy beneficiosas
de cara a la recuperación global del paciente.
La fase de alargamiento de húmeros es la más
cómoda para el paciente. Una vez realizada, los pacientes
se suelen adaptar a la perfección a la vida cotidiana,
mientras llevan los aparatos en los húmeros.
En la persona con acondroplasia que se ha sometido al alargamiento
de las extremidades inferiores es imprescindible la elongación
de los húmeros. Por las características propias
de la acondroplasia, el segmento humeral es especialmente
corto (de unos 4 a 6 cm. más corto que el antebrazo).
Esta circunstancia hace que en algunas ocasiones el paciente
vea muy limitadas funciones tan importantes como ponerse unos
calcetines o atarse los cordones de los zapatos, e incluso
realizar su higiene personal.
La intervención, que dura aproximadamente media hora
para cada húmero, se realiza siempre bajo anestesia
general. Al colocar el aparato se procura aumentar la extensión
del codo, que en la mayoría de los acondroplásicos
se encuentra limitada.
Después de la intervención, tan sólo
se precisan 48 horas de hospitalización. Al día
siguiente, el paciente debe ser capaz de realizar la mayoría
de los movimientos del antebrazo y casi todos los del brazo:
debe comer y asearse casi sin ayuda.
La elongación se realiza 1 mm. cada 24 h., y sólo
se requiere rehabilitación al principio para poder
recuperar toda la movilidad del hombro y codo.
Durante todo el período de elongación de los
húmeros, los pacientes asisten con normalidad a clase,
y pueden efectuar todos los movimientos. Lo único que
se limita es la práctica de la educación física,
y deportes, por precaución ante la posibilidad de caídas
y golpes a los fijadores externos.
Habitualmente, los alargamientos de húmero son de 9
a 11 cm., y el tiempo que se requiere hasta retirar los aparatos
es de 7 a 9 meses.
Posteriormente se requiere cierta precaución hasta
que el hueso formado adquiera la consistencia normal.
Los riesgos de estas intervenciones son los de toda intervención
de cirugía ortopédica, como pueden ser: la embolia
pulmonar, las lesiones neurológicas o vasculares periféricas,
la infección de alguna de las heridas quirúrgicas,
y los riesgos que comporta una anestesia general o epidural.
Todo lo expuesto suele ocurrir en menos del 1% de los casos.
Las complicaciones propias del procedimiento de elongación
pueden ser varias, y la mayoría pueden resolverse de
una forma fácil durante la elongación; otras
requerirán una nueva intervención quirúrgica
para resolverlas.
Las más frecuentes son las desviaciones del eje del
hueso que se está alargando, lo cual normalmente se
soluciona realineando el fijador externo. En ocasiones, la
desviación ocurre después de haber retirado
el fijador. Si el hueso todavía es elástico
puede corregirse mediante escayola; si está completamente
formado, se deberá realizar una intervención
quirúrgica para su corrección.
Otra complicación es la rigidez parcial de alguna articulación,
especialmente la rodilla, después del alargamiento
femoral, por lo que debe insistirse mucho en la rehabilitación.
Ocasionalmente, se ha observado tendencia a la luxación
de la rótula, también tras el alargamiento femoral,
debiéndose corregir mediante operación.
Finalmente, otra complicación que puede ocurrir rara
vez, es la falta de formación de hueso en el trayecto
de elongación. Si esto ocurre, se deberá proceder
a una nueva intervención para realizar injerto óseo
en la zona de elongación.
También hay posibilidad de aparición de algunas
complicaciones menores, como las estrías cutáneas,
la uña encarnada del primer dedo del pie, dedos en
garra, y las infecciones superficiales de los orificios de
los clavos. Esto último es importante notificarlo cuanto
antes para evitar que profundice la infección.
Es importe la asistencia psicológica durante todo el
proceso.
El objetivo de las entrevistas con los niños es disminuir
la ansiedad previa a las operaciones y favorecer la expresión
de lo que no pueden verbalizar.
El psicólogo ayuda a perfilar la indicación
de la operación, y el momento para la intervención,
colaborando con el equipo médico. La decisión
de realizar una intervención de este tipo requiere
un tiempo para que la familia se vaya organizando, y para
que el niño pueda colaborar.
Es necesario facilitar una información clara y objetiva
por parte de los especialistas. De este modo, la familia podrá
pensar en cómo desarrollar sus propios recursos durante
el largo tratamiento.
Informar a los niños sobre las operaciones ayuda a
disminuir las posibles perturbaciones psicológicas.
Si el niño comprende lo que le sucederá, estará
mejor predispuesto para colaborar, y se evitarán complicaciones.
En la preparación de las intervenciones se tratará
de compaginar la indicación médica con la predisposición
del niño para colaborar y la situación familiar.
El objetivo es informar al niño para que éste
pueda responsabilizarse al máximo en su tratamiento.
La influencia de los alargamientos es de gran importancia
para obtener un cambio radical en la vida de los acondroplásicos,
marcando un antes y un después de las intervenciones.
Es importante destacar que para beneficiarse totalmente de
los procesos de elongación, es necesaria una buena
actitud y colaboración por parte del paciente con el
equipo médico habitual. De este modo, si se consigue
un buen resultado funcional, el grado de satisfacción
también será excelente.
El objetivo principal de estas intervenciones no es tanto
el alargamiento de las extremidades, sino la adaptación
a la sociedad del individuo acondroplásico. Todas estas
técnicas están pensadas para conseguir el máximo
número de centímetros, intentando minimizar
las complicaciones de tipo funcional. Haber conseguido o no
este objetivo, depende de los resultados, y de las propias
manifestaciones de los pacientes.
Ofrecer la posibilidad de superar las barreras que supone
una baja estatura a un colectivo importante de personas a
través de una serie de intervenciones quirúrgicas
es un importante avance de la sociedad actual.
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