¿Qué
es la Acondroplasia?
A
pesar de que todos hemos visto alguna vez un enano, muy poca
gente es consciente de cómo esa falta de estatura puede
afectar a una vida. La acondroplasia es muy poco conocida,
tanto desde un punto de vista clínico como social.
El término Acondroplasia lo propuso Parrot en 1878,
palabra que proviene del griego (chondros
= cartílago y plasis = formación),
por el escaso crecimiento cartilaginoso que se produce en
esta displasia.
Sobre la existencia de este defecto congénito, existen
datos tanto en la literatura como en la pintura y demás
artes plásticas.
El hallazgo en Inglaterra, por Brinton, de un esqueleto bien
conservado correspondiente, al parecer, a un acondroplásico,
data de la época neolítica (más de 7.000
años). Otros descubrimientos prehistóricos hechos
en Estados Unidos, oscilan entre los 500 y los 3.000 años
de antigüedad.
La acondroplasia es la forma más frecuente de enanismo.
Se trata de una alteración ósea de origen cromosómico,
caracterizada porque todos los huesos largos están
acortados simétricamente, siendo normal la longitud
de la columna vertebral, lo que provoca un crecimiento disarmónico
del cuerpo.
La acondroplasia es debida a un cambio en la información
genética que recibe el factor receptor de crecimiento
de fibroplastos, células que hacen que los huesos crezcan
a lo largo. Esto produce una malformación en el desarrollo
de los cartílagos, con una calcificación acelerada
que impide el crecimiento normal de los huesos. Las personas
con acondroplasia tienen un torso de medida normal, las extremidades
cortas y la cabeza ligeramente más grande, además
de otras características fenotípicas más
o menos regulares.
Existe un elevado riesgo de muerte en la infancia debido a
la comprensión de la médula espinal y obstrucción
de las vías respiratorias. Los casos homocigóticos
de acondroplasia son generalmente letales en el período
neonatal y llegan a afectar al 25% de la progenie de parejas
en donde los dos padres son heterocigotos para la enfermedad.
Existe relación en muchos de los casos entre la edad
paterna en el tiempo de la concepción de los individuos
afectados y la acondroplasia.
Si una persona acondroplásica se une con una persona
normal, la probabilidad de que el hijo sea también
acondroplásico es del 50%, cifra que sube al 75% si
ambos padres lo son (en este caso, hay un riesgo del 2,5%
de aparición de la acondroplasia homocigota, que suele
ser letal al nacimiento).
La acondroplasia aparece como una mutación espontánea,
que tiene lugar por azar cada veinte mil nacimientos aproximadamente.
Alrededor del noventa por ciento de los niños con acondroplasia
no tienen historia de ella en sus familias.
La acondroplasia es causada, en el 97% de los casos, por una
mutación puntual debida a la sustitución de
la Glicina 380 por Arginina en el fragmento transmembranal
del receptor 3 del factor de crecimiento fibroblástico
(FGFR3), aún cuando una mutación menos frecuente
que también causa la acondroplasia es la sustitución
de la Glicina 375 por Cisteína.
FGFR3 pertenece a una familia de receptores estructuralmente
relacionados de quinasas dependientes de tirosina, y codificadas
por cuatro genes diferentes que originan múltiples
variantes del receptor. Las mutaciones en acondroplasia inducen
activación excesiva del fragmento catalítico
del receptor, la quinasa dependiente de tirosina. El resultado
es una elevada actividad en las señales producidas
por el receptor, originando una placa de crecimiento defectuosa,
en la cual las células no mantienen su patrón
organizado y, finalmente, no completan el proceso de diferenciación,
lo que causa un bloqueo en el crecimiento de los huesos.
La restauración del crecimiento normal en acondroplasia
podría, por lo tanto, obtenerse mediante la regulación
específica de las señales inducidas por el receptor
en las células específicas dentro de la placa
de crecimiento, permitiendo, de tal manera, una ordenada y
sincronizada elongación ósea. Hasta el momento,
no existe ningún tratamiento farmacológico para
la acondroplasia.
En la actualidad se ha localizado el gen transmisor en el
cromosoma 4.P 16.3 (brazo corto del cromosoma 4).
La expectativa de vida y el coeficiente intelectual de las
personas con acondroplasia son los mismos que los de las personas
de talla normal, a pesar de que los niños con este
problema suelen tener un desenvolvimiento motor lento cuando
son bebés, a causa de las proporciones de su cuerpo.
Hay una serie de problemas derivados de la acondroplasia,
a lo largo de la vida, como otitis frecuentes, problemas con
la columna, torcedura de piernas, apneas en ocasiones, etc,
pero la calidad de vida de los niños puede mejorar
con un seguimiento médico adecuado.
Desde un punto de vista social, las personas con acondroplasia
conviven siempre con una serie de problemas debidos a la existencia
en nuestra sociedad de clichés y prejuicios culturales
e históricos que aún persisten hoy en día.
Un halo cómico o farandulesco rodea a las personas
acondroplásicas, que puede ser doloroso y traer consigo
problemas vitales muy serios para todas ellas.
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